«Créese vulgarmente que sólo un principio de envidia, y la impotencia de crear, o un germen de mal humor y de misantropía, hijo de circunstancias personales o de un defecto de organización, pueden prestar a un escritor aquella acrimonia y picante mordacidad que suelen ser el distintivo de los escritos satíricos. (...) La otra consideración que nos queda que hacer es en verdad más personal a los escritores satíricos, pero una vez meditada no es por eso menos triste. Supone el lector, en quien acaba un párrafo mordaz de provocar la risa, que el escritor satírico es un ser consagrado por la Naturaleza a la alegría, y que su corazón es un foco inextinguible de esa misma jovialidad que a manos llenas prodiga a sus lectores. Desgraciadamente, y es lo que éstos no saben siempre, no es así. El escritor satírico es por lo común, como la luna, un cuerpo opaco destinado a dar luz, y es acaso el único de quien con razón se puede decir que da lo que no tiene. Ese mismo don de la naturaleza de ver las cosas tales cuales son, y de notar antes en ellas el lado feo que el hermoso, suele ser su tormento. (...) Nuestros lectores perdonarán fácilmente este atrevimiento, si antes de concluir este artículo les confesamos que sólo ha podido dar lugar a él una inculpación que nos ha sido hecha recientemente: hay quien supone que sólo una «pasión dominante» de criticar guía nuestra pluma. (...) Somos satíricos porque queremos criticar abusos, porque quisiéramos contribuir con nuestras débiles fuerzas a la perfección posible de la sociedad a que tenemos la honra de pertenecer. Pero deslindando siempre lo lícito de lo que nos es vedado, y estudiando sin cesar las costumbres de nuestra época, no escribimos sin plan; no abrigamos una pasión dominante de criticarlo todo con razón o sin ella; somos sumamente celosos de la opinión buena o mala que puedan formar nuestros conciudadanos de nuestro carácter; y en medio de los disgustos a que nos condena la dura obligación que nos hemos impuesto, cuyos peligros arrostramos sin restricción, el mayor pesar que podemos sentir es el de haber de lastimar a nadie con nuestras críticas y sátiras; ni buscamos ni evitamos la polémica; pero siempre evitaremos cuidadosamente, como hasta aquí lo hicimos, toda cuestión personal, toda alusión impropia del decoro del escritor público y del respeto debido a los demás hombres, toda invasión en la vida privada, todo cuanto no tenga relación con el interés general. Júzguennos ahora nuestros lectores, y zumben en buena hora en derredor nuestro los tiros emponzoñados de los que son en realidad más malignos que nosotros». (Mariano José de Larra; De la sátira y de los satíricos, 2 de marzo de 1836)
martes, 30 de julio de 2019
domingo, 28 de julio de 2019
Una explicación materialista-histórica sobre el rol de las innovaciones tecnológicas en la historia...
«Por grande que fuera este progreso, por más sutil, por más flexible, por más vigoroso que se mostrara este instrumento del espíritu humano en el sometimiento irresistible de la naturaleza, los resortes e impulsos de este progreso se encontraban siempre en las luchas económicas de clases, en «los conflictos existentes entre las fuerzas productivas de la sociedad y las relaciones de producción», y la sociedad sólo se ha planteado siempre objetivos que podía alcanzar y, más exactamente, se encuentra siempre, como lo expone Marx, que el objetivo mismo sólo surge allí donde ya se hallan presentes, o por lo menos están en vías de realización, las condiciones materiales para su realización.
Esta conexión se percibe fácilmente cuando se examinan en
su origen los grandes descubrimientos e invenciones, que según la concepción ideológica tanto del idealismo histórico
como del materialismo científico-natural provienen del
espíritu creador del hombre como Atenea de la cabeza de
Zeus, y que habrían provocado de ese modo los mayores cambios económicos. Véase la obra de Engels «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado» (1884).
Cada uno de estos descubrimientos e invenciones ostenta una larga prehistoria [2].
Escribe Morgan:
«El alfabeto fonético fue, como otros grandes inventos, el resultado final de muchos esfuerzos consecutivos». (Lewis Henry Morgan; La sociedad primitiva, 1877)
Véase también Marx:
«Una historia crítica de la tecnología demostraría en qué escasa medida cualquier invento del siglo XVIII se debe a un solo individuo». (Karl Marx; El Capital, 1867)
¿Cómo sabéis que la economía constituye la base del desarrollo histórico, y no más bien la filosofía?
«¿Cómo sabéis que la economía
constituye la base del desarrollo histórico, y no más bien la
filosofía? Pues lo sabemos simplemente por esto, que los
hombres tienen que comer, beber, construir sus viviendas y
vestirse, antes de estar en condiciones de pensar y de hacer
poesía, que el hombre sólo logra tener conciencia a través de la
convivencia social con otros hombres, y que por consiguiente
su conciencia se halla determinada por su existencia social,
y, no a la inversa, su existencia social por su conciencia.
Precisamente la hipótesis de que los hombres sólo comen,
beben, construyen sus viviendas porque piensan, esto es, que
llegan a la economía a través de la filosofía, constituye el
supuesto «arbitrario» más tangible y, por consiguiente, es precisamente el idealismo histórico el que conduce a las «construcciones históricas» más asombrosas. (...) El
hombre sólo puede lograr la conciencia, pensar y actuar conscientemente, dentro de la comunidad social; el lazo social,
del cual él es un eslabón, despierta y guía a sus fuerzas espirituales. Pero la base de toda comunidad social es el modo de
producción de la vida material, y es éste quien determina
así, en última instancia, el proceso espiritual de la vida en
sus múltiples manifestaciones. El materialismo no niega las
fuerzas espirituales, antes bien, las examina hasta llegar a sus
fundamentos, para lograr la claridad necesaria sobre el origen
del poder que tienen las ideas. Ciertamente, los hombres
construyen su historia; pero cómo lo hacen depende en cada
caso de la claridad o confusión que existe en sus mentes
acerca de la conexión material de las cosas. Pues las ideas no
surgen de la nada, sino que son producto del proceso social de
producción, y cuanto mayor es la exactitud con la que una
idea refleja este proceso, tanto mayor es el poder que adquiere. El espíritu humano no está por encima, sino en el desarrollo histórico de la sociedad humana; surgió de la
producción material, en ella y con ella». (Franz Mehring; Sobre el materialismo histórico y otros escritos filosóficos, 1893)
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viernes, 26 de julio de 2019
Espronceda, su tiempo, su vida, y su obra; F. Gavinet, 1950
«Cuando a los 33 años, en 1842, murió José de Espronceda, había jugado un papel histórico de significación tan acusada que, a pesar de su temprana muerte, y de la obra que de su singular genio cabía esperar, sería inadecuado calificar tan poderoso cerebro y tan noble corazón como malogrados.
La velocidad y la eficacia de su trabajo con «la pluma, la lengua y la espada» fue tal que su relativamente fugaz vida dejó, más que una estela de luz brillante, un surco profundo en la costra que cubría la sociedad española de su tiempo y que aún hoy estamos arrancando; y tan circunstancialmente certeros y tan agudamente inteligentes fueron sus golpes que suenan todavía con la misma arrebatada furia española con que fueron lanzados.
jueves, 25 de julio de 2019
¿Desconoce el materialismo las fuerzas ideales del desarrollo? ¿Convierte a la humanidad en un juguete a merced de un desarrollo mecánico?
«Echemos otra ojeada a las demás objeciones o reproches que se le han hecho al materialismo histórico: que desconoce las fuerzas ideales, que convierte a la humanidad en un juguete a merced de un desarrollo mecánico, que condena todas las normas éticas.
El materialismo histórico no es un sistema cerrado, coronado por una verdad definitiva; es el método científico para la investigación del proceso de desarrollo de la humanidad. Parte del hecho incontrovertible de que los hombres no sólo viven en la naturaleza, sino también en sociedad. Los hombres aislados no han existido nunca; cualquier persona que por azar llega a vivir alejada de la sociedad humana, rápidamente se atrofia y muere. Pero de ese modo, el materialismo histórico reconoce ya en toda su amplitud todos los poderes ideales.
«De todo lo que sucede [en la naturaleza], nada sucede como un fin conscientemente querido. Por el contrario, en la historia de la sociedad encontramos a los hombres dotados de conciencia, que actúan reflexivamente o movidos por la pasión, que aspiran a determinados fines; nada sucede sin un propósito consciente, sin un fin querido. La pasión o la reflexión determinan a la voluntad. Pero las palancas que a su vez determinan de modo inmediato la pasión o la reflexión, son de muy diversa especie. En parte, pueden ser objetos exteriores, en parte, móviles ideales, la ambición, «la pasión por la verdad y la justicia”, el odio personal, o meros caprichos individuales de todo tipo». (Friedrich Engels; Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, 1886)
Este es el punto esencial de diferencia entre la historia de la evolución de la naturaleza, por una parte, y de la sociedad, por la otra. Pero, aparentemente, el sinnúmero de confluencias de acciones y de voluntades singulares en la historia, sólo conducen al mismo resultado que los agentes ciegos, desprovistos de conciencia, de la naturaleza: en la superficie de la historia reina aparentemente el azar, lo mismo que en la superficie de la naturaleza.
«Sólo rara vez sucede lo querido, en la mayor parte de los casos se entrecruzan y se oponen los múltiples fines perseguidos, o bien estos fines mismos son irrealizables desde un principio, o insuficientes los medios». (Friedrich Engels; Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, 1886)
miércoles, 24 de julio de 2019
Carta al camarada Bill-Bielotserkovski –sobre literatura–; Stalin, 1929
«Camarada Bielotserkovski.
Escribo con mucho retraso. Pero más vale tarde que nunca.
1.º Estimo que el hecho mismo de plantear la cuestión de una «derecha» y de una «izquierda» en la literatura –y por consecuencia también en el teatro– es un error. La noción de «derecha» o de «izquierda» es, actualmente, en nuestro país una noción de Partido, más exactamente una noción concerniente a la vida interior del Partido. Los hombres de «derecha» o de «izquierda» son los que se apartan, en un sentido o en otro, de la línea exacta del Partido. Sería, pues, extraño aplicar estas nociones a un dominio exterior al Partido e infinitamente más amplio, como la literatura, el teatro, etc. Estas nociones pueden ser bien aplicadas, en la literatura, a tal o cual círculo del Partido –compuesto de comunistas–. En el seno de un círculo de esta clase puede haber hombres de «derecha» y de «izquierda». Pero aplicar estas nociones en la literatura, en la etapa actual de su desarrollo, cuando existen corrientes de todas clases, hasta corrientes antisoviéticas y abiertamente contrarrevolucionarias, significa esto poner patas arriba todas las nociones. Lo más justo sería operar en literatura con nociones de clase, o incluso con nociones de «soviético», «revolucionario», «antirrevolucionario», etc.
2.º De lo que precede se deriva que no puedo considerar el «golovanovismo» [1] como un peligro de «derecha» o de «izquierda». Se encuentra fuera de las corrientes del Partido. El «golovanovismo» es un fenómeno de orden antisoviético. De esto no resulta, evidentemente, que el propio Golovanov no pueda corregirse y desembarazarse de sus errores, que sea necesario perseguirle y cuando incluso está dispuesto a renunciar a sus errores, que haga falta así obligarle a pasar la frontera.
Tomemos otro ejemplo: La huida, de Bulgakov, pieza que no puede ser considerada como una manifestación de un peligro de «derecha» o de «izquierda». La huida es una tentativa de provocar piedad, si no simpatía, hacia algunas capas de la emigración antisoviética. Por consecuencia es una tentativa de justificar, en totalidad o en parte, la causa de los guardias blancos. Tal como es La huida constituye un fenómeno antisoviético.
Sin embargo yo no tendría nada que decir contra la representación de La huida si Bulgakov añadiera a sus ocho sueños uno o dos sueños más, en donde presentara los móviles sociales internos de la guerra civil en la URSS a fin de que los espectadores pudieran comprender que todos esos serafines y todos esos rectores, «honrados», a su manera, no han sido barridos fuera de Rusia por un capricho de los bolcheviques, sino porque vivían sobre las espaldas del pueblo –a pesar de su «honradez»–, y que los bolcheviques, al echar a estos partidarios «honrados» de la explotación, realizaban la voluntad de los obreros y de los campesinos, actuando por consecuencia de una manera perfectamente justa.
martes, 23 de julio de 2019
El PCE (m-l) y su progresivo cambio en las alianzas; Equipo de Bitácora (M-L), 2019
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| Propaganda de la coalición electoral PCE (m-l)/PCPE en 1989 |
«En la Internacional Comunista se comentaba sobre las tácticas de frente:
«1. Las tácticas del frente único desde abajo son necesarias siempre y en todas partes, con la posible excepción de raros momentos durante las luchas decisivas cuando los obreros comunistas revolucionarios se verán obligados a volver sus armas incluso contra grupos del proletariado que, por una conciencia de clase deficiente, están del lado del enemigo. 2. Unidad desde abajo y, al mismo tiempo, negociaciones con líderes. Este método debe emplearse con frecuencia en países donde la socialdemocracia sigue siendo una fuerza importante. Se entiende que en tales casos los partidos comunistas mantienen su independencia completa y absoluta, y conservan su carácter comunista en cada etapa de las negociaciones y en todas las circunstancias. 3. Frente único solo desde arriba. Este método es rechazado categóricamente por la Internacional Comunista. Las tácticas del frente único desde abajo son las más importantes, es decir, un frente único bajo el liderazgo del partido comunista que cubre a los obreros comunistas, socialdemócratas y no partidistas». (Internacional Comunista; Extractos de las Tesis sobre tácticas adoptadas por el Vº Congreso de la Internacional Comunista, 1924)
En la actualidad todos los revisionistas no solo no han comprendido estos axiomas, sino que se esfuerzan por obscurecer lo que es harto claro.
En el IIº Congreso del PCE (m-l) de 1977 se decía con toda justeza sobre el revisionismo:
«1. Las tácticas del frente único desde abajo son necesarias siempre y en todas partes, con la posible excepción de raros momentos durante las luchas decisivas cuando los obreros comunistas revolucionarios se verán obligados a volver sus armas incluso contra grupos del proletariado que, por una conciencia de clase deficiente, están del lado del enemigo. 2. Unidad desde abajo y, al mismo tiempo, negociaciones con líderes. Este método debe emplearse con frecuencia en países donde la socialdemocracia sigue siendo una fuerza importante. Se entiende que en tales casos los partidos comunistas mantienen su independencia completa y absoluta, y conservan su carácter comunista en cada etapa de las negociaciones y en todas las circunstancias. 3. Frente único solo desde arriba. Este método es rechazado categóricamente por la Internacional Comunista. Las tácticas del frente único desde abajo son las más importantes, es decir, un frente único bajo el liderazgo del partido comunista que cubre a los obreros comunistas, socialdemócratas y no partidistas». (Internacional Comunista; Extractos de las Tesis sobre tácticas adoptadas por el Vº Congreso de la Internacional Comunista, 1924)
En la actualidad todos los revisionistas no solo no han comprendido estos axiomas, sino que se esfuerzan por obscurecer lo que es harto claro.
En el IIº Congreso del PCE (m-l) de 1977 se decía con toda justeza sobre el revisionismo:
«Es preciso hoy tener la máxima claridad sobre la cuestión del revisionismo y combatir todas sus manifestaciones. Revisionismo no es solamente renegar de los principios del marxismo, renunciar a la dictadura del proletariado y a la revolución violenta, revisionismo es también predicar la unidad con los revisionistas descarados, revisionismo es también no tener una práctica consecuentemente revolucionaria, por muchas frases marxista-leninistas que se pronuncien y por muchas poses revolucionarias que se quieran tomar». (Partido Comunista de España (marxista-leninista); Documentos del IIº Congreso del PCE (m-l), 1977)
Elena Ódena siempre fue clara en que las alianzas del partido debían de ser con los elementos de base que eran combatientes y revolucionarios, criticando a la vez la actitud oportunista de los cabecillas:
«Nuestra política, pues, es la desenmascarar y aislar firmemente a los cabecillas oportunistas de los distintos grupos, manteniendo una clara línea de demarcación en todas las cuestiones de principios, y la de acercarnos y discutir camaraderilmente con los elementos honrados de su base». (Elena Ódena; Unidad con todos los revolucionarios y lucha contra los oportunistas, 1973)
Buscando la unidad principalmente con su base con el objetivo de lograr propósitos conjuntos en intereses de los trabajadores, y atraer así a los elementos rescatables:
«La lucha entre el marxismo-leninismo y el revisionismo es una manifestación más de la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Por consiguiente, los marxista-leninistas debemos rechazar toda unidad y colaboración con los cabecillas revisionistas –a los que no hay que confundir con los elementos honrados que aún quedan en su base–, y por el contrario debemos combatirlos más y más». (Documentos del Iº Congreso del PCE (m-l), 1973)
Por encima de todo se resaltaba que en las alianzas no se perdiese la autonomía del partido:
«Nosotros tenemos ahora clarísimo que el Partido no tiene que ocultar su condición de tal, ni el miembro del Partido su condición de tal, en ningún caso, absolutamente en ninguno. Ir con la política del Partido por delante no quiere decir que debemos apabullar con todos los planteamientos del Partido, sino ir con nuestras propias posiciones de clase, porque en decir que somos del Partido ya hay una posición de clase, porque el Partido no ha renegado de la lucha de clases ni mucho menos; tampoco tenemos que ir con una etiqueta. Somos el Partido de la clase obrera y luchamos por la revolución socialista, estamos en contra de la colaboración de clases, pero ahora planteamos éste y éste términos concretos. Esto es ir con la política del Partido por delante y no ocultarlo». (Elena Ódena; Sobre la táctica unitaria del partido; Intervención en el IIº Pleno del Comité Central, elegido en el IVº Congreso del PCE (marxista-leninista), 1985)
Por encima de todo se resaltaba que en las alianzas no se perdiese la autonomía del partido:
«Nosotros tenemos ahora clarísimo que el Partido no tiene que ocultar su condición de tal, ni el miembro del Partido su condición de tal, en ningún caso, absolutamente en ninguno. Ir con la política del Partido por delante no quiere decir que debemos apabullar con todos los planteamientos del Partido, sino ir con nuestras propias posiciones de clase, porque en decir que somos del Partido ya hay una posición de clase, porque el Partido no ha renegado de la lucha de clases ni mucho menos; tampoco tenemos que ir con una etiqueta. Somos el Partido de la clase obrera y luchamos por la revolución socialista, estamos en contra de la colaboración de clases, pero ahora planteamos éste y éste términos concretos. Esto es ir con la política del Partido por delante y no ocultarlo». (Elena Ódena; Sobre la táctica unitaria del partido; Intervención en el IIº Pleno del Comité Central, elegido en el IVº Congreso del PCE (marxista-leninista), 1985)
El propio Raúl Marco antes de convertirse en un abierto y repugnante renegado, en su artículo: «¿Es posible la «unidad de acción» con los dirigentes revisionistas?» comentaba en referencia indirecta a las declaraciones de algunos líderes del Partido Comunista de Alemania/Marxista-Leninista (PCA/M-L) lo siguiente:
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